lunes, 23 de abril de 2018

A Real Nightmare || Capítulo 20

CAPÍTULO 20


Cuando Juan terminó su turno, fue rápido a casa para hablar con Ainhoa y enterarse de todo lo ocurrido, ya que no tenía ni idea de nada.
-          ¿Qué está pasando Ainhoa? ¿Qué ha sido lo de hoy?
-          La consecuencia de mucho aguantado. No sabes lo que he sufrido…
-          Pues no, no lo sé. ¿Me puedes iluminar?
-          A ver, antes de nada, si no te he contado lo que me estaba pasando era porque no te quería involucrar y hacerte daño con este tema. Todo fue a causa de malas decisiones mías tomadas en el pasado y tenía que ser yo la que solucionara el tema.
-          ¿Sí? ¿Entonces por qué llamó mi hermano a la policía?




Ahí Ainhoa se encontraba en un callejón sin salida y, si quería salir de allí, tendría que decir la verdad sin tapujos.
-          Joder pues porque te quiero mucho. Te quiero tanto que me daba miedo contarte lo que me estaba pasando y que te alejaras de mí, como han hecho todos los tíos en mi vida, utilizarme para follar o sonsacarme algo y después pegarme la patada. Tú eres el primer chico que me importa de verdad y no quería cagarla contigo por una mala decisión mía del pasado. Eso es todo.
-          ¿Pero qué mala decisión Ainhoa?
-          Antonio me ofreció dinero una vez por desnudarme delante de él y acepté, pero otro día me ofreció 2000€ por follar conmigo y en aquel entonces no te conocía y era dinero fácil, así que acepté, pero lo había grabado todo y me extorsionó varias veces para follar conmigo en más ocasiones.
-          Hijo de puta…
-          Total, que comenzó a mandarme mensajes, a acosarme diciéndome que me quería, me mandaba fotos de su polla y de la reserva de una habitación de hotel… Pero pasé de él. Hasta que te conocí a ti y después de estar en el calabozo y verme en esa situación cambié. Decidí romper con todo y fue ahí cuando comencé a conocerte y a gustarme de esta manera tan loca. Pero Antonio siguió y el día que te dije que necesitaba espacio era por eso mismo, estaba acosándome por mensaje y ese mismo día vino a violarme, pero tu hermano vio a Antonio salir y me encontró llorando amargamente. Tuve que contarle todo esto y fue quien decidió ayudarme.




Juan se sentía estafado porque, al parecer, todo el mundo sabía lo que le pasaba a Ainhoa menos él.
-          Es decir, que mi hermano sabía todo esto y no me lo dijo.
-          Pues por lo que te he dicho antes, no quería meterte en esto por lo que pudieras pensar de mí y… perderte.
-          ¿Y qué crees que iba a pensar de ti? Ese tío es un violador, un extorsionista y un depravado. Todos tomamos decisiones en la vida que, con el tiempo, nos damos cuenta que no fueron acertadas. Pero absolutamente nadie se merece pasar por lo que has vivido. ¿Y al final cómo lo solucionasteis?
-          Tu padre vino a contarme que si me importaba hacer de cebo, ya que había colocado cámaras ocultas en su casa y Antonio estaba allí. Tras pensármelo un rato, accedí desesperada porque mientras estaba con ellos, me mandaba mensajes diciéndome que quería follarme el coño, el culo, hacerme esto y aquello… Es un cerdo asqueroso y quería terminar con todo eso de la forma que fuera, aunque eso conllevara una última violación.




Ainhoa se quedó pensativa un momento antes de continuar hablando.
-          No sabes las de veces que me acordaba de ti, Juan. Cuando me violaba y me pegaba, me besaba y me tocaba… Pensaba en ti y en cómo me gustaría que eso se acabase, estar contigo a salvo de cualquier cosa y sin tener miedo de que podía aparecer en cualquier momento…
-          Me cago en mi estampa. A ese tío lo mato.
-          ¡Ya está entre rejas! Y con las pruebas que hemos presentado seguro que se pasará mucho tiempo a la sombra. Tranquilo que todo ha pasado.
-          Y no sabes cuánto me alegro pero, a partir de ahora, pase lo que pase puedes contarme lo que quieras. Confía en mí porque si no lo haces, no podré ayudarte en lo que necesites.
-          Te prometo que lo haré. No te dejaré más al margen.




Ambos se abrazaron con ternura. Ainhoa estaba temblando después de contar todo aquello y los fuertes brazos de Juan la consolaban.
-          Estoy aquí contigo, mi cielo. Conmigo no te pasará nada. Estás a salvo mi amor, mi vida, mi tesoro…




Continuaron abrazados mientras se miraban a los ojos y ella le acariciaba la mejilla.
-          Te quiero grandullón. Te quiero, te quiero, te quiero… No te separes nunca de mí.
-          No, mi amor…




Y acto seguido, se unieron en un dulce y tierno beso que prosiguió durante bastante tiempo.




Esa noche se quedó Juan a dormir con ella y, abrazaditos los dos, se entregaron al mundo de los sueños.




Semanas después y con el final de año a la vuelta de la esquina, Marco invitó a la que era mujer de Antonio. Recibiéndola en la casa, la saludó con efusividad.
-          ¡Estela! Qué gusto me da verte. Cuánto tiempo, ¿no?
-          Demasiado, sí,-dijo ella con una amplia sonrisa-.




Aunque ya habían hablado por teléfono en varias ocasiones desde lo ocurrido, era la primera vez que se veían en persona después de mucho tiempo, por lo que se abrazaron efusivamente.
-          ¿Desde cuándo hacía que no nos veíamos?-preguntó él-.
-          Creo que desde la cena de Navidad de hace 3 años con Roberto, Francisco y José con sus respectivas mujeres, ¿no?
-          ¡Cierto! Madre mía, me acuerdo de esa cena… Qué bien nos lo pasamos.
-          Y qué feliz éramos. Ya no está Luisa, ni Francisco, ni…
-          Sentémonos,-indicó Marco a la vista de lo triste que se estaba tornando la conversación-.




Una vez ya sentados, era inevitable preguntarle a Estela por cómo estaba llevando su vida ahora.
-          Pues mejor de lo que creía. Antonio y yo llevábamos mucho tiempo durmiendo en cuartos distintos y haciendo vidas separadas, pero lo que no podía imaginarme era que mi marido fuera violando y extorsionando a chicas.
-          ¿Chicas?
-          Sí. En el juicio preliminar que hubo se presentaron las pruebas que vosotros obtuvisteis y los testimonios de un par de chicas que eran pacientes suyas del hospital. Al parecer era un depredador sexual y yo vivía con él…-dijo comenzando a emocionarse-.
-          Tranquila Estela, tú no sabías nada. Yo tampoco y tuvo que ser mi hijo Mateo quien me lo contara. Al principio no podía creérmelo, pero me enseñó capturas que había hecho una muchacha y ahí no hubo lugar a dudas.
-          Pobres chicas… Me gustaría pedirles perdón, aunque sé que eso no va a servir de nada pero… Me siento en la obligación. Ojalá pudiera enterarme de quiénes son algún día.




Mirando con ternura a Estela, sonrió levemente.
-          Tengo… contactos en la policía, así que podría mover unos cuantos hilos y concertar una cita.
-          ¿De veras?
-          Sí, no te prometo nada, pero mi hijo es muy prudente con esas cosas.
-          ¿Mateo es policía?
-          No, mi hijo Juan. ¿No sabías nada de él?
-          Ah sí, algo me comentó una vez Antonio, pero nunca me enteré muy bien del tema.




Marco comenzó a contarle todo lo ocurrido con Juan y su madre y Estela se sorprendió, pero se alegró grandemente.
-          Cuánto me alegro por ti, Marco. Yo me quedé con las ganas de tener un hijo… ¿Y cuándo te van a hacer abuelo a ti?
-          Ah, pues eso ya no depende de mí, porque mis dos hijos tienen pareja y Mateo vive en la misma casa con ella, así que… No he hablado con ellos de si tienen planes de boda o no.




La conversación continuaba entre aquellos viejos amigos mientras que, en otro punto de la ciudad, Esteban corría en la entrada del gimnasio porque creía haber visto a Fina dentro.




Efectivamente, era ella. ¡Qué suerte había tenido!
-          ¡Hola Fina!
-          Muy buenas Esteban. ¿A entrenar un poco?
-          Sí, pero quería hablar contigo de algo.
-          Uy, cuánto misterio.
-          En realidad no tanto jeje. Verás, como ahora cobro más que de teleoperador, he pensado en mudarme y como tu padre es agente inmobiliario…
-          Ah vale, ya sé a dónde quieres llegar. Quieres que te ayude a encontrar un buen precio, ¿no?
-          Porfa… Había pensado en el edificio donde vives, porque hay un piso libre según tengo entendido.




Fina accedió sin problema.
-          Tranquilo, déjalo en mi mano que mi padre hace pura magia.
-          Eres genial. Te debo una.
-          ¿Una? Será una detrás de otra, ¿no?
-          Uy, tú quieres que te dé una paliza entrenando, ¿no?




Mateo, a todo esto, salvaba el mundo de las llamas y poco a poco se hacía un hueco entre los bomberos de aquella ciudad.




Ainhoa, por su parte, se sacaba un sobresueldo limpiando la casa de Juan y la de Mateo aparte de ser portera y encargarse de todo aquello. Lo bueno era que habían instalado un porterillo nuevo y ahora tenía una especie de mando a distancia y, aunque estuviera en otra planta, podía ver quién llamaba y hablar con quien fuera.




Pasados dos meses, las cosas en el edificio habían cambiado bastante. Ahora Juan vivía en la casa de Ainhoa con ella, Mateo y Fina se fueron a la casa de la primera planta, ya que tenía más espacio y les resultaba un coñazo tener que estar subiendo y bajando las escaleras cada dos por tres. Por su parte, Esteban vivía ahora en la antigua casa de Juan y esa chica era… ¿quién era?




Tras entrenar, Esteban fue a casa para descansar cuando se encontró allí con aquella chica.
-          ¡Lucía! ¿Qué haces aquí?
-          Hola cariño. No soportaba quedarme sin verte hasta mañana… Necesitaba estar contigo.
-          ¿Y cómo has entrado?
-          Ah, le dije a la portera que era tu sobrina…
-          Joder Lucía, ¿no sabes que en este bloque vive Fina también? Si te ve aquí se van a enterar de que no lo eres.




Levantándose, la muchacha besó profundamente a Esteban.
-          ¿Y qué? Me queda un mes para cumplir los 18 y entonces no hará falta escondernos porque este año termino el bachillerato.
-          Lo sé, pero soy tu profesor y eso está prohibido.
-          Entonces… Este culito se quedará sin su premio hoy,-dijo la muchacha separándose lentamente-.




Esteban agarró el culo de la chica acercándola a él.
-          ¿Qué clase de embrujo tienes? Estoy loco por ti Lucía y sólo tienes 17.
-          El amor no entiende de edad. Te quiero Esteban,-dijo besando más profundamente al chico-.




Los besos y las caricias prosiguieron hasta el punto en el que Lucía le quitó la camiseta de Esteban y lo dejó completamente desnudo. Poco a poco se fueron yendo al dormitorio donde allí dieron rienda suelta a su amor.




Esteban era más cuidadoso que de costumbre. Con Lucía era dulce y hasta romántico, sin perder ese punto canalla que tanto le ponía a su alumna.
-          Sigue así Esteban. No pares mi vida. Dame todo tu amor…




Tras unas incansables horas de trabajo, Juan llegaba a casa.
-          Ya estoy en casa Ainhoa.
-          ¡Ahora salgo que estoy en el baño!-gritó a lo lejos la muchacha-.




Una vez que salió del baño, ambos se pusieron a comer pero Ainhoa terminó antes.
-          Sigo sin comprender cómo puedes tragar la comida tan rápido.
-          Será la costumbre de comer deprisa. Dame tu plato y así te lo recojo.




Pero Juan se negó.
-          De eso nada. Ya has trabajado suficiente hoy. Déjame a mí ahora que haga las cosas de la casa.
-          Eres un cielo. ¿Cómo te puedo querer tanto?
-          ¿Porque tal vez soy adorable?
-          Mira que eres tonto…-dijo Ainhoa sin evitar reírse al compás de su novio-.




A todo eso, Fina comenzaba a comer en su actual casa. Tenía tanta hambre que no pudo esperar a Mateo.




Entrando silenciosamente, Mateo vio que su novia estaba comiendo y la asustó.
-          Gracias por esperarme, cielo.
-          ¡COÑO! ¡QUÉ SUSTO!
-          Jajajajajajajaja, eso te pasa por no esperarme.
-          Jo, es que tenía mucha hambre…




Mateo se sirvió un poco de ensalada y comenzó a comer al lado de Fina, pero ella tenía la mente en otro lado.
-          Estoy preocupada por Esteban.
-          ¿Qué le pasa a ese?
-          Está raro en el colegio. Últimamente le noto que se echa más perfume, se cuida más…
-          ¿Y qué hay raro en eso?
-          Pues que hay una alumna que no para de rondarle y no me gusta un pelo lo que creo que está pasando.




Mirando a Fina, Mateo frunció el ceño.
-          ¿Tú crees que ellos dos…?
-          Tal vez, pero no estoy segura. La chica es de las mayores y yo no le doy clase, pero según me cuentan mis compañeros es una chica estudiosa y que no da problemas. Esteban al ser el profe de educación física tiene contacto con más alumnos que yo.
-          ¿Quieres que hable con él?
-          No, por Dios. Que si no sabrá que he sido yo quien te lo he contado. Ya lo averiguaré yo por mi cuenta.




Esteban era un ligón, pero Mateo no creía que su amigo fuera capaz de meter en su cama a una menor de edad y, además, siendo alumna suya. Aunque no le dijera nada, tendría que quedar con él y charlar por si le contaba algo…




Fina estaba preocupada por su amigo y compañero de trabajo. Era un buen profesor, pero no veía bien que metiera la polla en temas laborales. Él sabría lo que hacía, pero como amiga, era su deber aconsejarle si, finalmente, estaba con aquella adolescente.




CONTINUARÁ…

jueves, 19 de abril de 2018

A Real Nightmare || Capítulo 19

CAPÍTULO 19


Había llegado el día; Mateo arreglaba la cama de su padre mientras repasaba el plan que había organizado junto a Marco. Para poder pillar a Antonio necesitaba un aliado, y qué mejor que su propio padre. Con el permiso de Ainhoa, se lo pudo contar a su padre y pese a que no terminaba de creer sus palabras, accedió al ver los mensajes que le mostró la chica.




Al terminar, salió a ver cómo iba todo por la cocina.
-          ¿Qué tal vas papá?
-          Bien, terminando de hacer los sándwiches. Ay Mateo… Todavía no me creo que Antonio sea tan depravado.
-          Lo sé, pero es cierto y no se puede ir de rositas.
-          Eso por supuesto, pero me apena mucho esta situación, sobre todo lo que le va a suponer a su mujer. Pobrecilla…




A los pocos minutos, sonó la puerta y ambos fueron a recibir a Antonio.
-          ¡Bienvenido a casa Antonio!
-          Bien hallado como siempre.




Mateo, ya con el plan en marcha, abrazó efusivamente a Antonio.
-          Me alegro de verte, viejo amigo.
-          No tan viejo jovencito, que podría ganarte a un pulso.
-          Eso habría que verlo jajaja,-dijo Mateo callándose las ganas de probarlo y humillarle-.




Antonio, ajeno a todo, no sabía lo que se le venía encima…
-          Hacía tiempo que no venía a la casa. Fue una sorpresa recibir vuestra llamada y la verdad es que me apetecía.
-          Venga, dame tu abrigo para que te lo guarde y ahora seguimos hablando.
-          Sí, pero espera que tengo que mandar un mensaje antes.




Sacando su móvil, Antonio tecleó el número de desbloqueo y como de un águila se tratara, Mateo miró disimuladamente para enterarse.




Mientras que Mateo se llevaba el abrigo, Antonio saludaba a su buen amigo Marco.
-          Gracias por invitarme amigo. Te echaba de menos. ¿Cómo estás?
-          Estupendamente gracias a ti. ¿Cómo está Estela?
-          Muy bien, en casa.
-          Podrías habértela traído, que hace siglos que no la veo.
-          Sí, tal vez la próxima vez.




Ambos se abrazaron, pero Marco cerró los ojos y lo abrazó más fuerte que de costumbre porque quería a Antonio, pero sabía que había actuado mal y que lo que estaba haciendo no se podía dejar pasar.




En ese momento, Mateo rebuscaba en el móvil de Antonio los vídeos y conversaciones. Ver todo eso tras leer la conversación le causaba náuseas y ganas de partirle la cara a ese viejo verde.




Dejando el móvil de Antonio en la cama, sacó el suyo y comenzó a grabar todo para tenerlo como prueba.
-          Te voy a pillar cabrón. Y me voy a reír cuando te metan en la cárcel, me voy a reír y mucho.




Sólo de pensarlo, Mateo se relamía de gusto. Tenía ganas de pillar a Antonio por banda y mandarlo a prisión una buena temporada por todo lo que le había hecho a Ainhoa, que se había convertido al fin y al cabo, en una buena amiga para todos.




Al terminar, Mateo dejó todo como estaba y salió de la habitación rápidamente.
-          Vaya, gracias por comenzar a comer sin mí. Un detalle por vuestra parte,-dijo bromeando-.
-          Es que has tardado mucho,-comentó Antonio-. Ni que hubiera un agujero negro en tu cuarto, Marco.




En ese momento, Antonio se llevó la mano a la boca haciendo ver que se había acordado de algo.
-          Creo que me he dejado el móvil en la chaqueta… Bueno da igual, luego lo cogeré. Ahora es más importante hablar con vosotros. ¿Qué tal Mateo?
-          Pues estoy bien, muy liado con el trabajo, pero muy contento.
-          Es cierto, que ahora eres bombero, ¡menudo cambio! ¿Cómo lo llevas?
-          Bastante bien. Es como si llevara más tiempo haciéndolo. Luego a la noche me toca turno, así que después me tendré que echar una pequeña siesta para poder aguantar toda la noche.




La conversación continuó durante toda la comida hasta que terminó y recogieron los platos. Antonio, mirando a Mateo, le dijo que iba al baño y el muchacho le indicó dónde estaba.




Pero, en realidad, Antonio no quería ir al baño, sino coger su móvil a escondidas de Marco y Mateo.




Saliendo por la puerta que comunicaba con el dormitorio de su buen amigo, miró su móvil y volvió a mandarle un mensaje a Ainhoa.
-          Cariño mío, sólo de pensar que estoy dos plantas por encima de ti me la pone dura. Hoy quiero verte sí o sí o sino ya sabes lo que hay…




La aludida, mirando el mensaje, se enfadó considerablemente.
-          ¡Este cerdo nunca parará! Qué asco me da…




Pero calmándose un poco, volvió a leer el mensaje y se acordó de que ese día era en el que Mateo y Marco habían planeado la trampa a Antonio.
-          Qué ganas tengo de ver en la cárcel al hijo de puta este…




Sin embargo, el plan estaba a punto de cambiar. Aprovechando que Antonio había ido “al baño”, Marco le dijo a su hijo que tenía una idea diferente.
-          He estado pensando que con tu idea no podremos pillarlo al 100% y podrían echar para atrás las pruebas.
-          ¿Y cómo sabes eso?
-          He visto mucho la tele últimamente.
-          ¿Y se te ha ocurrido algo?
-          ¿Por qué no hablamos con Ainhoa y la ponemos de cebo? Colocamos unas cámaras ocultas por la casa y que pase lo que tenga que pasar.
-          No sé si Ainhoa querrá…
-          Yo voy a colocar las cámaras por si acaso. Espérame aquí.




Rápidamente, Mateo sacó una cámara antigua pero que aún funcionaba y la colocó en la estantería, junto a unos libros. La otra la puso bajo un montón de ropa sucia, aprovechando que no había puesto la lavadora todavía. Antonio salió por el baño y se encontró que Marco no estaba.
-          ¿Y tu padre?
-          Ha tenido que salir, me ha dicho que se le había olvidado comprar dulces para el postre.
-          Ay, de verdad, no hace falta.
-          Ya sabes cómo es mi padre…




En realidad, Marco había bajado para comunicarle el plan a Ainhoa.
-          ¿Estás dispuesta? Sé que va a ser muy duro para ti, pero creo que es la única solución.
-          Marco, lo que sea para pillar a ese cabrón. Lo que dices tiene sentido, así que prefiero hacerle de cebo.
-          Estupendo. Pues como te ha puesto ese mensaje, querrá hacerlo contigo. Como lo conozco bien, se irá al cuarto y ahí está la cámara, yo luego entro como te he dicho antes y os pillo infraganti.
-          Vale. ¿Tú qué harás mientras tanto?
-          Me quedo aquí para mandarle el mensaje a Mateo y así tendrá la excusa perfecta para salir y dejaros solos.
-          Ah, perfecto,-dijo nerviosa Ainhoa-.




A los pocos minutos, la puerta sonó y Mateo, levantándose del sofá, fue a ver quién era.
-          Me imagino que será mi padre, que se le habrán olvidado las llaves. Disculpa Antonio.
-          No hay problema.




Al abrir y ver a Ainhoa, Mateo se puso nervioso y abrió sus ojos de par en par.
-          ¿Qué haces aquí?-dijo bajito Mateo-.
-          Es el plan de tu padre, sígueme el rollo,-dijo ella con voz baja también-.




Haciendo todo lo más normal posible, Mateo saludó a Ainhoa y la hizo pasar.
-          Siento no haberte devuelto las llamadas, pero hoy tenía mi padre visita y quise acompañarle. Perdona haberte dejado tirada Ainhoa. Me siento fatal…
-          No te preocupes. Así de paso veo también a tu padre.
-          Por cierto, no sé si conocerás a Antonio, es un íntimo amigo de la familia…




Hechas las presentaciones, Mateo no dejaba de mirar la cámara inconscientemente. Nadie se había dado cuenta, ya que entre tanto libro no se distinguía bien. Ainhoa se sentía muy violenta y tenía un nudo en el estómago, pero sabía que si quería pillar a Antonio tendría que ser ahora o nunca.




Pocos minutos después, Mateo recibe un mensaje de su padre diciéndole que se le ha olvidado la cartera en casa con las prisas y que necesita que le lleve dinero urgentemente para pagarle a la de la confitería. Disculpándose a ambos, les dijo que tendría que salir un momentito y que los dejaba solos unos minutos.




Corriendo hacia la puerta, Mateo sonreía levemente porque, hasta el momento, todo estaba saliendo según lo planeado. Pero quien tenía una mayor sonrisa era Antonio al saber que tendría a Ainhoa solo para él.




De lo que no era consciente Antonio fue de la cámara que llevaba un rato grabando. Pese a tener un par de años, la cámara grababa a 720p y 30 fps. No era ninguna maravilla, pero tenía buena calidad.




Ainhoa, interpretando su papel, comenzó a quejarse de por qué tendría que haberse ido.
-          Bueno, al fin solos, mi amor…
-          Déjame en paz Antonio. No soy tu amor. Te vuelvo a repetir que tu amor, tu querida esposa, está en casa.
-          O sí, eres mi amor porque desde el punto y hora que te acostaste conmigo te convertiste en mi amante y esa palabra viene de amor.
-          ¿Llamas amor a pagarme 2000€ y luego grabarlo para chantajearme?
-          No te chantajeo de ninguna forma, simplemente te recuerdo que tengo algo que… podría hacer mucho daño en las manos equivocadas.
-          Me das asco.
-          Te daré lo que me venga en gana porque soy yo quien tiene la sartén por el mango, así que vamos al dormitorio.
-          ¿Ahora?
-          Sí. Que te resistas me pone muy cachondo.




Agarrándola por el brazo, la levantó y la llevó al dormitorio donde allí la obligó a desnudarse. Por suerte, la cámara estaba bien colocada bajo el montón de ropa sucia y era imposible de ver.
-          Así es, puta, ábrete para mí. Déjame gozar de ese coño jugoso para tu amor… Oh sí.
-          No, por favor. Antonio, te pagaré si quieres pero no me…-decía Ainhoa antes de que Antonio le diera un guantazo fuerte en el culo que provocó un fuerte grito en la chica-.
-          ¡Que te calles, zorra!




Antonio, desvistiéndose, se quedó en ropa interior y se acercó a ella posando sus manos en la cadera femenina, recorriendo cada palmo de su cintura y de su culo abriendo paso hasta la vagina preparándola para recibir el pene de Antonio.




Bajándose un poco el calzoncillo, Antonio se la metió de golpe a Ainhoa, provocándole un pequeño grito de dolor. Sin ningún miramiento, Antonio le propinó un guantazo haciéndola callar mientras que los empellones de Antonio eran fuertes y duros, sin saber que la cámara estaba captando todos y cada uno de los actos.




Sin previo aviso, Marco abrió la puerta encontrándose todo el percal. La muchacha giró la cabeza al escuchar la puerta y, de esta forma, supo que había llegado su salvación. Ainhoa lloraba de dolor y de rabia en silencio, unidos ahora a un sentimiento de alivio y de alegría. Al ver la situación y las lágrimas que recorrían las mejillas femeninas, Marco comenzó a sentir una ira irreprimible.
-          ¡Marco! Esto puedo explicarlo,-dijo Antonio-.




Y sin mediar palabra, Marco le pegó un puñetazo a Antonio con todas sus fuerzas, haciéndole caer al suelo inconsciente. Doliéndose de la mano, miró a Ainhoa que se vestía a toda prisa de espaldas a ellos.




Girándose hacia la puerta del dormitorio, Marco le dijo a Ainhoa que se vistiera tranquila que la esperaba fuera, pero la mano femenina se posó sobre uno de sus hombros y, dándose la vuelta, una Ainhoa completamente vestida lo abrazó con todas sus ganas.
-          Siento haberte echo pasar por todo esto Ainhoa. Lo siento mucho… No me lo perdonaré en la vida.
-          No tienes que pedirme perdón por nada. Fui yo la que accedí sabiendo lo que me esperaba, pero ha sido lo necesario para poder meter a ese malnacido entre rejas. Gracias por tenderme la mano y no darme de lado. Gracias a ti y a Mateo por todo.




Marco decidió quedarse con Antonio para vigilarlo por si despertaba, por lo que Ainhoa salió y se encontró allí a Mateo y a Fina. Mirando al primero, asintió con la cabeza.
-          Está hecho. Lo hemos pillado.
-          ¿Cómo estás?-quisieron saber ambos-.
-          Estoy…-dijo sollozando antes de que una lágrima surcara su mejilla-.




Sin esperar un segundo más, Mateo cogió su móvil y llamó a la policía para denunciar la violación mientras que Fina abrazaba a Ainhoa para intentar consolarla mientras que lloraba amargamente.
-          Shhhh ya pasó Ainhoa. Estás a salvo.
-          ¿Hola? Llamo para denunciar una violación que acaba de producirse. El sujeto está reducido. Sí, la calle es…




Al escuchar el aviso por la radio de la policía, Juan, que estaba de servicio en ese momento, puso rumbo a su casa en el coche patrulla. Agitado y nervioso, subió los dos pisos por la escalera.
-          ¿Qué ha pasado? ¿Estáis todos bien?
-          Sí, estamos bien. Hemos llamado para que te lleves a Antonio.
-          ¿Antonio? Pero habéis llamado por una violación, ¿no?
-          Sí. Antonio ha violado a… Ainhoa.
-          ¡¿QUÉ?!




Cuando Antonio se despertó, se encontró que tenía las esposas puestas y la cara de Juan muy cerca de la suya. Algo desconcertado tras el golpe, Juan sin ningún miramiento, levantó al viejo mientras le leía sus derechos.




Aún no sabía la historia completa, pero Juan estaba orgulloso de quitar a un cabrón de las calles tan peligroso como él.
-          Prepárese para el interrogatorio Doctor Mirà. El comisario Naim Thomas le está esperando con gran urgencia…




CONTINUARÁ…