domingo, 20 de diciembre de 2015

Capítulo 24 de Manos Blancas

Tras muuuucho muchísimo tiempo sin postear nada en mi blog, vuelvo a las andadas para seguir publicando historias que tengo creadas. Pero antes, hay que terminar la que dejé a medias... MANOS BLANCAS.

CAPÍTULO 24

Unos días más tarde, Igashu se fue temprano por la mañana a buscar trabajo, quería aportar algo de más dinero a la casa, no solo con lo que ganaba por concierto, así que se fue recorriendo la reserva echando currículums.


Luego pasó por el supermercado y se paró a mirar las frutas y verduras que había. Pensó en comprar algo pero recordó que ya tenían las cosas compradas para comer y cenar ese día así que siguió adelante en su camino.


De vuelta a casa, mientras paseaba vio que un pequeño local que desde hacía unos años estaba cerrado, ahora estaba abierto y se fijó en el cartel de la entrada. Le entró una curiosidad enorme y se acercó. Quería saber de qué trataba “Manos Blancas”.


Llamando al timbre, esperó a que le abrieran y una voz de chica sonó y le dijo que se sentara en la sala de espera que enseguida lo atenderían.


Dentro, un hombre le dijo a la que había abierto la puerta…
-        Sal fuera y pregunta qué es lo que desea.
-        Voy.


La muchacha salió de esa sala y fue hasta la de espera y allí se encontró con Igashu sentado.
-        Buenos días, ¿qué desea?
-        Verá, es que acabo de ver el cartel y me ha llamado la atención, principalmente porque yo he estado enganchado a las drogas y me gustaría saber de lo que tratáis aquí.
-        Ah, eso es una buenísima noticia. Si quiere puede pasar conmigo y así le presento a León, el fundador de esto.
-        Estaré encantado.
-        Por aquí, sígame.


La chica, muy amablemente hizo un gesto para que pasara y juntos entraron en la sala donde se encontraba otra chica más.
-        Mel,-preguntó la chica gordita-, ¿y León?
-        Pues acaba de entrar en el baño Nieves.
-        Ah, entonces esperaré.
-        ¿Por?
-        Es que ha venido un muchacho preguntando y quiero presentárselo a León.


La tal Nieves estaba en Manos Blancas por su gordura. Había pasado una gran depresión después de que su novio a punto de casarse la dejara por otra, entonces comenzó a comer y su gordura se ha convertido en obesidad.


La chica del ordenador, Mel, se levantó y saludó a Igashu.
-        Encantada de conocerte. Me llamo Mel, ¿y tú?
-        Yo soy Igashu, encantado.


Mel estaba ahí por otro motivo totalmente distinto: quería dejar de fumar. Había llegado a acabar con 3 paquetes diarios y comenzaba a tener problemas con los bronquios y no quería acabar en una camilla por culpa del tabaco. Buscando por internet, descubrió este lugar y entonces, gracias a la ayuda de León, sus charlas y sus consejos, lo está consiguiendo.


Le dijeron a Igashu que se metiera en el ordenador y así leyera para conocer más sobre Manos Blancas. Entonces, León salió del baño y Mel se acercó.
-        Ha venido un chico nuevo. Dice que tiene mucha curiosidad por esto porque dice que ha pasado por temas de drogas y ya salió.
-        Perfecto, entonces hablaré ahora con él. Muchas gracias.
-        Vale, yo me voy ya que tengo que ir al gimnasio.
-        Ok, nos vemos mañana. Cuídate.


León se acercó a Igashu, todavía no sabía su nombre ni nada, así que quería presentarse y hablar sobre el tema de Manos Blancas y todo.


Justo cuando iba a comenzar a hablar, Mel se despidió desde la puerta.
-        Hasta mañana chicos.
-        Hasta mañana Mel,-dijo León-. 


Igashu al escuchar la voz de León dio un brinco y se puso de pie en menos de dos segundos.


Los dos se miraron fijamente y se quedaron callados. No estaban seguros de quién era cada uno, pero Igashu se adelantó diciendo un nombre…
-        ¿Leo?
-        ¿Igashu?
-        Sí, soy yo.
-        Dios Igashu, soy Leo, tu compañero de piso.


Ambos se alegraron muchísimo de volver a verse después de tanto tiempo. Abrazándose con fuerza no paraban de decirse lo que habían cambiado.
-        ¿Cómo es que te llaman León?
-        Nada, por una coña de Mel y Nieves, que dije que me llamaba Leonardo y me dijeron, León y me he quedado así.
-        Es que eso es lo que me ha despistado, si no hubiera sospechado. Te veo muy bien.


Se separaron del abrazo y comenzaron a hablar.
-        Sí, la verdad es que me vino genial irme con mis padres. Al final mi padre se recuperó y me pidió perdón por su comportamiento y yo también. Comencé a cambiar mis costumbres anteriores por otras nuevas, a tener una cierta normalidad día a día… Todo eso. ¿Y a ti qué tal?
-        Pues bueno, cuando te fuiste tú al poco tiempo a Mitch lo llamaron de Dubai y se tuvo que ir tirando leches para allá porque su padre adoptivo lo pilló.
-        ¿Y qué os quedasteis entonces Linda y tú solos?
-        Sí, aunque más bien se quedó Linda sola, porque yo me amargué totalmente, comencé a beber, a tomarme pastillas, a fumar más todavía…
-        Igashu, nunca me podría imaginar que acabarías así.


Igashu miró a Leo bastante avergonzado.
-        Ya lo sé, pero lo importante es que salí de esa y ya estoy bien.
-        ¿Y cómo lo conseguiste?
-        Me metí en un centro especializado, pero también no me hubiera recuperado sin la ayuda de Linda y de mi hermano.
-        Espera, espera… ¿tu hermano?
-        Ah coño es verdad, que tú no lo sabes… Pues nada, resulta que un día llegó a casa un muchacho preguntando por mí y…


Igashu y Leo se han vuelto a encontrar después de tantos años, ¿qué pasara? Lo sabremos en el último capítulo.

CONTINUARÁ…