viernes, 13 de febrero de 2015

Capítulo 19 de Manos Blancas

¡Holaaaaaa! Feliz fin de semana. Al fin ha llegado el día más deseado de todos jajaja. Tengo que deciros que hoy estoy algo pachuchillo, porque he donado sangre por primera vez y estoy como si me hubieran dado una paliza jajaja. Pero no os preocupéis, no es nada de vida o muerte así que aquí estoy para poneros vuestro capítulo, que os lo merecéis :D ¡Nos vemos prontito!

CAPÍTULO 19

Igashu estaba paseando para relajarse cuando vio la tienda de segunda mano. Estaba a punto de cerrar pero pudo entrar a tiempo.


Se compró una guitarra y un manual de instrucciones y se puso a aprender él solo.


Habían pasado ya varias horas y Wolf tenía sueño y estaba cansado, por lo que se puso a estirarse y ladró para avisar a Igashu de que quería irse.


Linda estaba preocupada, pero como no quería demostrarlo, se quedó en casa y pasadas unas horas se metió en la cama.


Media hora después de que Linda se acostara, llegó Igashu sin hacer demasiado ruido.


Se cercioró de que Linda estuviera durmiendo y luego se cambió y se metió en su cama a dormir.


A la mañana siguiente, Linda se despertó primero y fue al otro cuarto. Al ver que Igashu estaba allí, se quedó mucho más tranquila.


Igashu se despertó bastante tarde y no encontró a Linda en la casa, así que fue a ver la tele cuando esta dio un pequeño fogonazo y se estropeó. Igashu echó la mesa a un lado y comenzó a trastear por si podía arreglarla.


Al rato, Linda entró por la puerta totalmente cambiada. Se había quitado las trenzas y tenía ropa nueva.
-        Buenos días Igashu,-saludó Linda-.
-        Hola.
-        ¿Dónde estuviste ayer hasta tan tarde?
-        ¿Y a ti qué te importa?
-        Borde.
-        Gracias.


Linda se sacó unos gofres de la nevera, se los calentó y se puso a desayunar, pero antes le ofreció a Igashu.
-        ¿Quieres gofres?
-        No.
-        ¿Has desayunado ya?
-        No.
-        ¿Vas a mirarme a la cara algún día?
-        No.


Linda se mosqueó y se puso a desayunar en completo silencio mientras Igashu trataba de arreglar la tele, cosa que era imposible.
-        Igashu, está saliendo humo. No se va a poder arreglar.
-        ¿Ahora eres una entendida de televisión?
-        No, pero tengo sentido común y sé que la tele está para el cubo de la basura.


Cuando Linda terminó de fregar los platos se volvió hacia Igashu que parecía un caballo, no miraba nada más que al frente.
-        Igashu, déjalo ya. Al final te va a explotar la tele en la cara y vamos a tener un disgusto.
-        Pues uno menos, ya ves tú el problema.
-        No digas eso Igashu. ¿Y la gente que te queremos?
-        Jajaja, ¿la gente que me queréis? Tú me quieres sí, pero meter en tu cama guarra.


Linda se quedó petrificada ante la respuesta de Igashu, que salió de la casa dando un portazo sin decir nada más.


Linda, entre enfadada y decepcionada, se puso a tocar la batería para distraerse un poco. La música era su vida.


Igashu volvió al rato con botellas de vodka y tabaco y se puso a beber y a fumar mientras le daba vueltas al coco. Pensaba que en su vida, nunca había estado con nadie que lo quisiese de verdad. Las cuidadoras hacían su trabajo y aunque le tuvieran cariño, no era una familia. Nadie lo acogió siendo niño y se ha pasado solo la mayor parte de su vida.


Por suerte conoció a Mitch, que aunque era una cabra loca, era su amigo y con él se había portado muy bien, lo había tratado mejor que cualquier otro, se habían ido a vivir juntos, pero ahora… se volvía a ver solo. Leo con su familia, Mitch con la suya adoptiva y estudiando en la universidad y él… ¿con Linda? Más puta que Rita. No la podía ni ver o… ¿era un sentimiento de rechazo porque ella tenía todo lo que a Igashu le faltaba?


Muchas veces había pensado en suicidarse, quitarse la vida y desaparecer. Al fin y al cabo, nadie en la faz de la tierra se preocupaba por él. No tenía ninguna atadura que lo mantuviera aquí, así que… ¿qué se lo impedía?


Y a todo esto, también había pastillas… Igashu se había tomado ya una para animarse y no pensar en esas cosas. Tanto darle vueltas a la cabeza iba a hacer que acabara bastante mal…


Había pasado el tiempo y los meses con él. Ya estábamos en el año 2006 e Igashu tenía 19 años y… un gran problema encima. Se había hecho adicto a las pastillas, apenas comía un trozo de pan al día y se pasaba las horas muertas con su guitarra tirado en la calle.


El deterioro físico era considerable y su actitud respecto al mundo no había cambiado ni una pizca. Seguía amargado, borde y tenía comentarios fuera de tono con Linda que no venían a cuento.


También dormía mucho y a deshoras. Las noches en vela tomándose pastillas, tocando la guitarra por las calles y no hacía nada para remediar esa situación. Linda estaba cansada de repetirle que se quitara de esos vicios, que dejara de tomarse las pastillas, que era lo que más se tomaba, pero nada… Por un lado le entraba y por otro le salía. Un día, Linda se puso a molestar a Igashu un poquito tocando la batería.
-        Linda, ¿puedes dejar de tocar la batería? No he dormido apenas.
-        Son las 12 del mediodía, es una buenísima hora para tocar.
-        ¡Que no he dormido coño!
-        ¡Me da igual! Haberte acostado a una hora normal y no al amanecer… Además, tienes la cama de      matrimonio en el otro cuarto, vete allí cojones.


Muy a desgana se levantó, cerró la puerta de un portazo y se tumbó encima de la cama de matrimonio quedándose dormido a los pocos minutos.


Tres semanas más tarde, Linda se levantó y, como ya estaba siendo costumbre, no veía a Igashu por ningún lado. Con ese día se cumpliría las tres semanas que no lo veía, pero no se preocupaba porque dejaba restos de su presencia por la casa.


Parándose tras el sofá, miró que las colillas de tabaco, los restos de vodka y el bote vació de pastillas. Suspiró y se acercó para recoger las cosas.


Estaba viviendo sola prácticamente ya que los horarios de cada uno eran completamente diferentes y ya llevaban 21 días sin tener contacto físico el uno con el otro. Había ido en su busca muchas veces, pero como cada vez que lo hacía, había discusión en plena calle y luego esa noche no aparecía por casa, pues prefería dejarle espacio a Igashu.


Esa mañana no tenía ninguna convención ni mini concierto, por lo que se puso a leer el periódico tranquilamente, también por si veía algo de Igashu, ya que no podía comunicarse con él. Estaba sumida leyendo cuando unos golpes en la puerta la sacaron de la lectura.


Linda dejó el periódico y abrió la puerta extrañada.
-        ¡Coño! Menudo cambio… ¿Cómo lo has hecho? ¡Pasa hombre!


¿Quién será ese hombre conocido de Linda?

CONTINUARÁ…