miércoles, 11 de febrero de 2015

Capítulo 18 de Manos Blancas

¡Muy buenas! ¿Qué tal lleváis la semana? Espero que muy bien, que los que tenéis exámenes los aprobéis y que sean poquitos jejeje. Eso sí, lo que no hay que perder es el tiempo de ocio ni en tiempos de exámenes. Aunque sea una horita hay que dedicar a relajarse que sino es malo. ¡Y yo quiero que estéis geniales!

Ya que estoy, me gustaría aprovechar para decir que las cosas que estoy preparando (las cuales cuando esté todo asegurado anunciaré) van en marcha. Como ya dije, prefiero esperar a que esté todo casi listo para decirlo así que nada, paciencia que queda poquito ya si Dios quiere jejeje.
Y dicho esto os dejo con la siguiente entrega de Manos Blancas... ¡Hasta pronto!

CAPÍTULO 18

La noche de fiesta pasó bien. Ninguno de ellos bebió ni tomó nada, así que fue de lo más normal. A la mañana siguiente, después de desayunar, llamaron a Mitch y este miró el móvil y se quedó pensando en si cogerlo o no…


Finalmente contestó.
-        ¡Hola Mohamed! Cuánto tiempo sin hablar. ¿Qué tal?
-        Hola, querido hijo universitario… ¿Cómo te va por allí?
-        Muy bien. Estudiando mucho.
-        Ese es mi hijo… Aquel que me dice una cosa y hace otra… ¡Muy bien!


Mitch estaba un poco descolocado.
-        Mohamed, ¿qué dices? No te entiendo.
-        Sí lo haces, no te hagas el tonto… Llamé al centro donde tú me pediste que te mandara y ahí me
     dijeron que dejaste el bachillerato y que desapareciste del mapa. ¿Tú crees que yo soy idiota?
-        A ver, te lo puedo explicar…


Mohamed estaba bastante cabreado y casi gritaba por teléfono.
-        No hace falta que me expliques nada Mitch. Has estado derrochando el dinero en vete a saber qué.      No has cumplido tu palabra y me has decepcionado. Ahí no hay nada que explicar.
-        Pero… es que yo no quiero estudiar.
-        Ah claro… tú quieres vivir la vida, hacer lo que te da la gana y no mover un solo dedo. Pues que        sepas, que si yo estoy aquí con esta posición no es porque me lo hayan dado, sino porque me he
     tenido que mover, igual que lo vas a hacer tú.


Mitch tenía cada vez más miedo de lo que podía decirle Mohamed.
-        ¿Moverme yo? ¿A dónde?
-        De vuelta a casa. Vas a coger el primer vuelo que haya para acá y no quiero más excusas, ¿te              queda claro?
-        Sí…
-        Pues venga. A partir de ahora te voy a estar vigilando bien. Te espero.


Mitch colgó y, abatido como estaba, fue a hablar con Linda.
-        Linda, tengo que irme.
-        ¿Irte? ¿Dónde?
-        Me acaba de llamar mi padre adoptivo y me ha dicho que quiere que vuelva a Dubai… Me ha              pillado.
-        Menuda putada tío. ¿Y qué vas a hacer?
-        Pues tendré que hacerle caso e irme de nuevo…


Linda lo abrazó.
-        Me va a dar muchísima pena que te vayas. Te voy a echar de menos.
-        Y yo a ti. Te he cogido cariño durante todo este tiempo que hemos vivido juntos.
-        ¿Me estás queriendo decir algo?
-        Ah no, no te quiero, pero te tengo cariño.
-        Y yo también.


Mitch mientras la abrazaba, reprimía las lágrimas que estaban a punto de salir por sus ojos…


Mitch, mirándola a la cara, quiso despedirse.
-        Dame un beso de despedida.
-        Eso está hecho.


Estaban separándose cuando escucharon bastante ruido y un correteo de Wolf e Igashu por el pasillo hasta que llegaron al salón.


Mitch se acercó a Igashu.
-        Tenemos que hablar Igashu.


Mitch abrazó a Igashu.
-        Uy, qué serio te ha salido eso.
-        Es serio. Me voy. Me vuelvo a Dubai.
-        ¿Por qué?
-        Me ha pillado Mohamed. Me ha dicho que me vuelva.


Igashu no se esperaba eso.
-        Pero, ¿qué te ha hecho llamarte ahora?
-        Parece ser que ha llamado al orfanato y ahí le dijeron que no había terminado el bachillerato y            eso…
-        Yo te dije que te lo sacaras, pero como no me hiciste caso…
-        Ya lo sé, ahora me estoy arrepintiendo de eso.


La conversación cada vez bajaba más de tono.
-        Mitch, no quiero que te vayas.
-        Y yo tampoco quiero irme, pero si me obligan…
-        Ten mucho cuidado y promete que volverás.
-        Si puedo y me dejan, volveré.


Mitch odiaba las despedidas, pero esto era un adiós.
-        Y tú Igashu, libérate más, ábrete, no estés tan cerrado en ti mismo, conoce a gente y ahora que            vais a estar Linda y tú solos, daros cariño mutuo.
-        No necesito follarme a ninguna Igashu.
-        Pero no es ninguna, es Linda, es nuestra amiga.
-        Sí bueno…
-        Ay, así no vas a llegar a ningún lado.


Igashu tenía una medio sonrisa en la cara.
-        Yo soy feliz tal y como estoy Mitch, ni necesito follar para tener cariño, como tú dices, ni necesito      otra cosa. Estoy bien.
-        Eres un cabezota y por mucho que te diga no vas a cambiar de opinión, te conozco… En fin, me          voy a cambiar de ropa.


Mitch se fue al cuarto a coger la ropa limpia, se metió después en la ducha y se cambió de ropa.


Minutos más tarde, se echaba el after-shave.


Al salir, se encontró con que Igashu y Linda se habían cambiado de ropa también.
-        ¿Qué hacéis vestidos así?
-        Te vamos a acompañar,-dijeron ambos-.


Mitch se fue para Wolf, sólo le quedaba él para despedirse.
-        Oye machote, yo me voy pero quiero que me cuides a Igashu, ¿vale? Te echaré de menos Wolf.          Te quiero.


Aquella noche había nevado un poco, el invierno estaba cerca. Cogieron un taxi y se fueron hasta la estación de autobuses y allí esperaron hasta que Mitch se montó y se fue.


Cuando salieron de la estación, los dos estaban serios.
-        Oye Igashu, ¿damos una vuelta y así nos despejamos?
-        No tengo ganas, hace frío.


Igashu volvió andando a casa a paso rápido y lo primero que hizo fue entrar en el cuarto.


Después de un rato, llamó a Linda.
-        Como solo vamos a estar tú y yo aquí, te he puesto la batería aquí.
-        Ay, qué detalle. Muchas gracias.
-        Nada.
-        ¿Entonces dormiremos los dos en el cuarto de matrimonio?
-        No. Cuando te quieras poner aquí, me voy al dormitorio de matrimonio. Tú duermes en la cama          grande.
-        Me sabe mal…
-        No pasa nada.


Linda insistió.
-        Oye, que la cama de matrimonio es muy grande, podemos dormir ahí los dos.
-        Que no Linda, prefiero dormir aquí solo.
-        ¿Qué te pasa conmigo?
-        ¿Me tiene que pasar algo? No me pasa nada.
-        Yo sé lo que te pasa…
-        ¿El qué supuestamente?
-        Que quieres esto.


Linda se acercó a Igashu y lo besó en la boca dándole un pico, a lo que Igashu se resistió y al final se zafó de ella.


Igashu estaba muy cabreado.
-        ¡Que no me toques coño! ¿Quién te ha dado permiso para besarme?
-        Yo creí que…
-        ¡No creas nada! No quiero que te me acerques, ni que me toques ni nada por el estilo, ¿te queda           claro?


Linda estaba un poco desconcertada por las palabras que estaba dedicándole Igashu.
-        Pero ayer noté como me miraste el culo en el baño…
-        ¿Cómo no quieres que te mire el culo si vas con pantalones que son bragas grandes?


Linda reaccionó ante esa acusación.
-        Oye, que esos pantalones se están comenzando a llevar de moda.
-        Entre las putas, ¿no? Mira, que te den a ti y a todas las de tu calaña. Si hubieras podido te hubieras      metido conmigo en la cama y no lo has conseguido, pero lo has hecho con Leo y con Mitch todas        las veces que has querido y un poquito más. Y ahora que se han ido, ¿quieres que yo caiga? Vete a      la mierda.


Igashu estaba que trinaba y no pudo aguantarse más lo que pensaba y se lo dijo a Linda de sopetón.


Sin mediar una sola palabra más, salió de la habitación dejando sola a Linda.
-        Vamos Wolf, vámonos.


¿A dónde irá Igashu? ¿Se irá para siempre de esa casa después de haber discutido con Linda?

CONTINUARÁ…