viernes, 23 de enero de 2015

Capítulo 9 de Manos Blancas

¡Muy buenas a todos amigos! Ya es viernes, así que hoy no se puede tener caras largas, ¿eh? Disculpad que no haya habido más capítulos esta semana pero mis profesores son muy malas personas y no quieren que suba capítulos y entonces me mandan muchas cosas (y más teniendo en cuenta que este es mi último año de estudio si Dios quiere xD). Pero al caso, que hoy tendréis capítulo para que así empecéis con buen pie el fin de semana. ¡¡Nos vemos!!

CAPÍTULO 9

Los bomberos vinieron acompañados de una ambulancia que se llevó a Igashu al hospital de la Reserva.


Igashu pasó la noche allí y ya a la mañana siguiente le dieron el alta. El día se había despertado lluvioso y con algo de neblina, así que lo mejor que podían hacer era quedarse en casa.


Durante la noche le habían dado a Igashu una mascarilla para que respirara oxígeno y le dieron un aerosol para que se lo echara cada 8 horas durante dos semanas.


Unos meses después, por la noche Mitch e Igashu jugaban al ping-pong.
-        Igashu, tengo algo que contarte.
-        Dime.
-        He pensado irme, independizarme.
-        ¿A qué viene eso?
-        Tengo ganas de hacerlo. Ya tengo los 16 años y legalmente me puedo ir.
-        ¿No vas a terminar el bachillerato?
-        Sabes que nunca ha sido mi fuerte, además, no quiero pasarme toda mi vida detrás de unos libros        y bajo la supervisión de la gente.


Igashu estaba un poco molesto.
-        Pues yo me quiero sacar el bachillerato. Además, tengo todavía 15.
-        Venga, cuando cumplas los 16 te vienes conmigo.
-        No, yo quiero tener aunque sea el bachillerato.


Mitch sonreía.
-        Bueno, si te quieres quedar hasta que lo termines, quédate. Yo mientras tanto me iré y me buscaré       algún sitio, ya veré lo que hago.
-        Ten cuidado, no se te olvide que sigues siendo menor de edad.
-        Ya, ya lo sé. No tienes por qué preocuparte.


A la hora de la cena, Mitch lo comentó y estuvieron hablando todos juntos sobre lo que iba a hacer, que se pensara las cosas detenidamente… pero Mitch tenía las ideas muy claras.


A la mañana siguiente, Mitch se despidió de todos y se fue. Estaba decidido a cambiar de vida aunque su padre adoptivo le hubiera dicho otra cosa.


Igashu lo veía marcharse mientras pensaba que la soledad lo volvía a envolver. Le quedaban unos pocos meses para cumplir 16 y poder irse, pero estaba interesado en sacarse sus estudios.


Un año más tarde, Igashu hacía su cama y preparaba las cosas para irse. Había llegado la hora.


Se había dejado crecer el pelo. Le gustaba sentir el pelo largo bajo sus hombros, le hacía sentir más natural, más indio.


Igashu había crecido, ya era casi un adulto y lo más importante, acababa de terminar el bachillerato.


Bajó hasta la entrada, donde esperaban sus cuidadoras de toda la vida.
-        Ha llegado la hora,-dijo Igashu-.


Se acercó hasta Asia y la abrazó con fuerza.
-        Asia, muchísimas gracias por estar siempre ahí, por ser la cuidadora estricta, pero que tiene un            gran corazón.
-        Eres como mi propio hijo. Te quiero mucho Igashu.


Luego miró a Andrea y se abrazó a ella.
-        Has sido como una madre para mí. Muchas gracias por todo lo que has hecho a lo largo de mi              vida.
-        Fuiste el primer niño que acogimos y te tenemos un cariño especial. Nunca te olvidaré. Para lo            que necesites estamos aquí,-decía Andrea mientras Asia miraba la escena emocionada.


Igashu estaba emocionado con la idea de salir de allí. No es que viviera mal, al contrario, pero quería conocer mundo, vivir la vida y disfrutar de ella.


Aunque era primavera, la nieve todavía cubría las aceras de las calles mientras que Igashu y Wolf salían de la Hacienda bajo la atenta mirada de sus cuidadoras.


Una etapa cerraba sus puertas y otra muy diferente iba a comenzar. La niñez había acabado. Ya era una persona libre y casi adulta.


Había quedado con Mitch para irse juntos a donde estaba viviendo este. Wolf, nada más ver a Mitch, salió corriendo hacia él.


Mitch se levantó y lo acarició.
-        ¿Qué pasa campeón? ¿Me has echado mucho de menos?


Luego Igashu y Mitch se dieron un abrazo y se alegraron mucho de volver a verse después de un año sin contacto físico.
-        Hombre Igashu, apenas te reconozco. Menudos pelos tienes.
-        Tú sigues igual cabrón.
-        Ya, es que el que es guapo lo es siempre.
-        Jajaja, venga ya fantasma. ¿A dónde vamos?
-        A Woonsocket.
-        Eso está en la autopista interestatal 90, ¿no?
-        Exactamente. Vamos a coger el bus y tiramos para allá.


Después de unas horas en el autobús, bajaron y se dirigieron hacia la nueva residencia de ambos.
-        ¿Tienes ganas de ver la casa?
-        Sí, ¿cómo es?
-        Ya la verás…


Igashu ha cambiado de vida, ha cerrado una etapa y ahora comienza otra, ¿cómo le irá a partir de ahora?

CONTINUARÁ…