lunes, 19 de enero de 2015

Capítulo 8 de Manos Blancas

¡Muy buenas a todos querido público! ¿Qué tal andáis? (Con los pies xDD) Bien, me alegro jajajaja.
Bueno, perdonarme después de este pequeño desfase de comienzo pero hoy es lunes y según dicen las pruebas de un psicólogo hoy es el día más triste del año, así que me he propuesto alegraros de la mejor forma que sé el día jejeje. Qué mejor que unas bromas y un capítulo para comenzar la semana y disfrutar del lunes, ¿eh? Pues al lío tío jejeje. ¡Nos vemos pronto!

CAPÍTULO 8

Los chavales iban a clase todos los días, estudiaban y se sacaban sus estudios.


Pero pasado un tiempo, Mitch volvió a las andadas…
-        ¿A dónde vas Igashu?
-        A hacer la tarea.
-        Venga ya hombre, la puedes hacer después, tío.
-        Que no, que la voy a hacer ahora.
-        Pues yo me voy al bar, vente después.
-        Vale. Dentro de un rato voy.


Mitch salió de la Hacienda y se dirigió hacia el bar. Habían puesto una portera y a juzgar por su cara, no parecía muy simpática que digamos.


Pero para Mitch no fue ningún problema, ya que se puso serio y entró decidido al bar, aunque la procesión iba por dentro.
-        Toma ya, he entrado. Soy un crack. No me beso porque no puedo.


Hoy era el día de las malas caras y es que nada más entrar la camarera lo miró con cara rara.
-        Oye, ¿tienes la edad para estar aquí?
-        Si la portera me ha dejado entrar por algo será, ¿quieres que la avise?
-        No hace falta. Dime lo que vas a pedir.


Mitch pidió una copa y la pagó mientras hacía tiempo hasta que llegara Igashu. En eso que un hombre se sentó unos metros más a la derecha.
-        ¡Hola!-saludó Mitch-.


El vaquero ya sentado, giró su cabeza mirando a Mitch y con voz muy grave lo saludó.
-        Buenas tardes joven.
-        ¿Qué tal?
-        Aquí me ves.

El hombre era parco en palabras.


Al cabo de los cinco minutos entró Igashu y Mitch sonrió.
-        Al fin te has decidido. Ya creía que no ibas a venir.
-        Pues he dejado la tarea a la mitad.
-        Bueno, luego la terminas. ¿Qué te pido?


El vaquero se quedó mirando a Igashu.
-        Eh… rubio, ¿qué haces?
-        ¿Yo?-esa pregunta lo dejó un poco descolocado-. Pues aquí con mi mejor amigo.
-        ¿Mejor amigo? No me cuentes chistes.


Igashu haciendo oídos sordos se pidió una tónica. Mitch miraba a la camarera con buenos ojos.


Pero el vaquero no había terminado.
-        ¿Podrías llevarte a tu amigo a otro sitio?
-        ¿Tiene algún problema con mi amigo?-saltó en defensa de Igashu-.
-        Sí, que es un puto indio.
-        Disculpe señor,-dijo interviniendo Igashu-, pero estamos en un país libre, así que no nos vamos a
     mover de aquí-.


Seguidamente, ambos chicos dieron un trago de sus copas.


Sin embargo, el vaquero dando un golpe en la mesa se fue de allí y cogió su coche sin parar de gritar.
-        ¡Me cago en la puta! Esto no va a quedar así, seguro…


Después de tomarse sus copas subieron al piso de arriba y se pusieron allí a jugar mientras hablaban.
-        Tío, si tú vieras la mala leche que me entra cuando alguien todavía no acepta a la gente sea de la         raza que sea. ¿Puto indio? El gilipollas es él que vino a invadir nuestra tierra, ¿no te jode?
-        Venga Igashu, relájate que no merece la pena ponerse así por un imbécil.
-        Ya lo sé, pero me toca los huevos que todavía haya gente así.
-        Vamos a jugar anda, así te relajas.


Pero poco tiempo después escuchó un fuerte frenazo fuera que hizo que Igashu se volviera.


Mitch se tapó los oídos.
-        Pero bueno, ¿quién coño ha hecho eso?

Pregunta que fue contestada unos segundos más tarde al escuchar una voz familiar que venía del piso de abajo.
-        ¿Dónde está ese puto indio?
-        Señor, hágame el favor de bajar la escopeta.
-        ¡Cállate zorra! Si no quieres morir tú también ¡dime dónde están!
-        Oh, oh…-dijo Mitch-. Será hora que nos vayamos de aquí. ¡Rápido! Salgamos por la otra salida.
-        Están arriba,-dijo la camarera con voz quebrantada-.


Los chicos se escondieron en el baño para ocultarse del tío. Igashu, cabreado como estaba, sacó su espray y se puso a pintorrear las paredes.


Mitch, siguiendo el ejemplo de su amigo, hizo lo mismo.


Un rato después, el hombre se había ido de allí pero Igashu seguía con el grafiti.
-        Venga ya Igashu. Se ha ido, deja eso y vámonos a casa.
-        Hasta que no lo termine no me voy.
-        Ohú… te espero fuera.


Igashu al salir vio a un caballo salvaje y se acercó a él.
-        ¿Qué pasa bonito?


Cuando estaba en contacto con la naturaleza, Igashu se sentía diferente. Se sentía pleno. El ser indio le había dado una conexión especial con la tierra.


Ya en casa, Mitch estaba con la cabeza en otra parte. Estaba pensativo, como maquinando algo…


Mientras tanto, Igashu se puso a terminar los deberes que había dejado sin hacer.


Tendido en la cama, Mitch seguía dándole vueltas a la cabeza, sonriendo solo.


Una hora más tarde, Igashu subió al cuarto y se encontró a Mitch tendido en la cama completamente dormido, así que sin molestarlo se metió en la cama.


A media noche, un ladrido de Wolf despertó a Mitch que estaba helado, por lo que se metió bajo la colcha en la cama.


Pero esa noche iba a ser bastante larga. El frío invierno arreciaba toda la Reserva, por lo que la chimenea estaba encendida pero…


Una de las chispas saltó fuera, haciendo que se prendiera parte del suelo, también de madera.


El fuego comenzó rápidamente a expandirse y por suerte, Igashu bajó a la cocina a beber agua cuando se encontró con esa terrible situación. Fue hacia el extintor y comenzó a apagar el fuego. El ruido despertó a los demás de la casa y fueron hasta el comedor pese a las negativas de Igashu.
-        ¡No os acerquéis! Salid de aquí y llamad a los bomberos. ¡Rápido!


Asia subió al piso de arriba para coger su móvil y llamar mientras que las llamas seguían avanzando y respirar era cada vez una tarea más difícil…


¿Saldrá de esta Igashu y los demás de la hacienda?

CONTINUARÁ…