miércoles, 22 de octubre de 2014

Epílogo de R.I.F.

¡Hola a todos simmers! Ya estamos a mitad de semana, así que todos felices y contentos porque está aquí al lado el fin de semana ¡bieeeen!
Sobre la historia, hoy sí es el último capítulo. Hoy se termina esta trepidante historia que creé hace ya un par de años. Espero, de todo corazón, que os haya gustado tanto como a mí me gustó crearla y escribirla. Ha sido un auténtico placer compartirla con todos.

Tengo otra historia preparada que creé a principios del 2013, así que dentro de no mucho os pondré el trailer y comenzaré con los capítulos, pero antes quiero preparar algo con Los Sims 3 a modo personal que, si me sale bien, compartiré también con todos vosotros, por supuesto. No adelanto nada por si al final no sale para no haceros falsas esperanzas :)

Ahora sí, os dejo con este epílogo y nos vemos muy prontito amigos. ¡¡Os quiero!!

EPÍLOGO

24 de agosto de 1986, 10:45 de la mañana; Fernando conducía un lujoso descapotable e iba a toda pastilla.


Fernando tenía ya 59 años recién cumplidos. Aunque tenía achaques continuos, su sonrisa no se iba de su cara. Era un hombre feliz.


Junto con su esposa, Claire, había pasado muchísimos años casados, más de 25 y hasta que la muerte los separara.
-        Chicos, esperad aquí mientras compruebo algo,-decía Fernando a sus hijos-.


De este maravilloso amor había nacido Estela, de 24 años. Contaba con un gran parecido a su madre, pero tenía la inteligencia de su padre.


Y el hermano menor, Hugo, en honor de Hugh. Tenía 22 años y aunque era prácticamente igual que su padre cuando joven, el color de pelo y los ojos eran distintos. Sus ojos azules oscuros eran preciosos.


Fernando subió las escaleras que llevaban hacia el ayuntamiento y allí se encontró con un matrimonio, al parecer, acabado de casar.


Fernando los miró con añoranza. Todavía recordaba como si fuera ayer la boda con Claire, tan bonita y espléndida, en la iglesia de San Pablo.


La pareja de recién casados, se miraba absorta de cualquier mirada. Sin embargo… aquí hay alguien que me suena.


¡No puede ser! El mismísimo Alberto Rodríguez en persona. Efectivamente, era el día de la boda de los padres de Fernando, por eso estaba su hijo mirándolos.


Por lo que esta mujer de aquí es la madre de nuestro protagonista. Es una mujer muy guapa y tiene unos ojos muy bonitos.


Fernando se acercó un poco a sus padres.
-        Disculpen, pero acaban de casarse, ¿cierto?
-        Sí señor,-contestó la madre de Fernando-.
-        Oh, mi más sencilla enhorabuena. Pasaba por aquí con mi familia y me he querido acercar para
felicitaros. Todavía recuerdo perfectamente la mía con mi esposa.
-        ¿Y su familia dónde está?-habló Alberto-.
-        Abajo, les he dicho que me esperaran un momento.
-        Dígales que suban.


Fernando llamó a su familia y comenzó a presentárselos.
-        Esta señora tan guapa de aquí es mi amada mujer, Claire.  La señorita de al lado es mi hija Estela
y el chico es mi otro hijo, Hugo.
-        Una familia preciosa,-dijo Tamara con dulzura-. Mira querido, Hugo tiene los ojos azules como tú.
-        Sí jeje, además tiene un aire a mí, ¿no crees?
-        Él es más guapo Alberto.
-        ¡Qué mala eres conmigo…!
-        Anda, ve mientras tanto a comprarme tabaco, que se me ha acabado.


Fernando se acercó a su madre.
-        Disculpe señorita.
-        Llámeme Tamara. ¿Cómo se llama usted?
-        Yo Fernando.
-        Qué bonito nombre. Tenía pensado ponérselo a mi hijo si un día tengo.
-        ¿De verdad? Será todo un honor. Perdona que me inmiscuya, pero ¿fuma?
-        Sí, llevo varios años haciéndolo.
-        Pues eso es malísimo. ¿No sabe que le puede dar cáncer?
-        Sí, dicen que cada vez hay más pero…
-        Pues hágame caso. Va a ser mejor para su salud.


Tamara, la madre de Fernando, lo escuchaba atentamente.
-        ¿Usted es médico?
-        No, pero sí conozco mucho sobre esa enfermedad. Soy científico.
-        Qué interesante. Entonces le tengo que dar las gracias por crear los medicamentos.
-        No, es mi trabajo. Comencé creando un negocio con mi mujer, pero al final acabamos dejándolo porque yo encontré trabajo en una empresa farmacéutica y mi esposa se quedó cuidando a nuestros hijos.


Mientras tanto, los nietos de Alberto hablaban con él animadamente.


Era una auténtica ironía del destino el conocer a sus abuelos el día de su boda y que Claire conociera a sus suegros por primera vez en persona. Había visto a Alberto en foto, pero a Tamara nunca la había visto.


Fernando continuaba hablando con su madre.
-        Así que hágame el favor y deje de fumar. Por su marido y por su futuro Fernando.
-        Si me lo dice usted que es científico, le haré caso.
-        Le digo desde ahora que no es fácil desengancharse, pero con mucho esfuerzo lo conseguirá, ya lo verás.


Tamara lo abrazó en agradecimiento a sus palabras.
-        Muchas gracias por sus amables palabras Fernando. Ahora con más razón si tengo un hijo le pondré así. Ojalá fuera como usted.
-        No lo dude… Será un gran chico,-dijo emocionado al poder abrazar a su madre por primera vez en su vida-.


Después, yendo hacia Alberto, su padre, quiso agradecerle el buen trato que había tenido con ellos. Un gran parecido entre padre e hijo, ¿verdad?


Estela y Hugo miraban a su padre sonriendo, ellos sabían toda la verdad de la máquina del tiempo y al verlo hablando con su padre, sabían que Fernando estaría muy emocionado.


Tamara miraba a su reciente esposo hablando con el señor Fernando y este tenía la misma mirada que su madre.


Claire comenzó a hablar con su suegra sobre cosas de mujeres, dándole consejos sobre cómo llevar su matrimonio y esas cosas.


Alberto, a todo esto, hablaba con Fernando.
-        Yo no quiero que fume, pero es un capricho que tiene y no se lo puedo quitar.
-        Pues a partir de ahora cambiará, se lo aseguro. Y si se le olvida, usted recuérdeselo.
-        ¿Usted cree Fernando?
-        Lo creo y lo certifico. Su esposa cambiará y estaréis juntos mucho tiempo.


Fernando estaba emocionado.
-        ¿Se encuentra usted bien?
-        Sí, es que recuerdo cómo mi madre falleció por culpa de un cáncer y… no quiero que a su esposa le ocurra lo mismo.
-        Yo haré todo lo posible para que no le ocurra. Me moriría si le pasara algo. La amo tanto…
-        Se le ve en sus ojos, su amor por ella es verdadero.


Alberto estaba muy agradecido por las palabras de Fernando.
-        Mire, usted me ha caído muy bien. Como no tenemos invitados en nuestra boda, ustedes lo serán. ¿Qué les parece si vamos todos juntos a un restaurante? Invito yo.
-        No, invito yo, será nuestro regalo de boda.
-        Me da mucha fatiga que lo pague usted.
-        Insisto…


Alberto abrazó a Fernando.
-        Es usted una buena persona y tiene un gran corazón. Ojalá tenga el día de mañana un hijo como usted. No me separaré de él en ningún momento.
-        Pues recuérdelo. Aunque usted no esté de acuerdo, piense en la felicidad de su hijo.


Fernando aguantaba las lágrimas que estaba brotando de sus ojos. Después de tantos años sin poder ver a su padre, al fin lo podía abrazar. Pero lo más importante, había conocido a su madre y, con sus palabras, Fernando esperaba que así pudiera cambiar un poco el futuro…