martes, 24 de septiembre de 2013

Capítulo 19: Una luz al final del túnel

¡Ey! Buenas a todos amigos. ¿Cómo habéis pasado este fin de semana? Espero que bien y que hoy día 24 de septiembre, martes, tengáis ganas de leer un capítulo nuevo de Pobre Rico. Ya queda poco para terminar la historia (oooohhhh), ¿te lo vas a perder? Nos vemos muy prontito, el viernes como siempre. Pasad una buena semana y aplicaros a los que tengáis que estudiar y seguir trabajando así de bien los que tengáis ese privilegio. ¡¡Muchos besos!!

CAPÍTULO 19 UNA LUZ AL FINAL DEL TÚNEL

Carlos no sabía qué hacer, pero ante un arrebato de lucidez, entró otra vez en su habitación, cerró la puerta y se tumbó en el suelo haciéndose el dormido.


El secuestrador se hizo presente de nuevo en la habitación, pero esta vez Carlos lo pudo ver y lo que observó no se lo podía creer...


Finalmente, la Voz, como Carlos lo conocía era nada más y nada menos que el policía que estaba en la casa. ¿Cómo era posible que un policía se comportara así? El policía estaba abandonando la sala mientras buscaba las llaves en su bolsillo izquierdo.
Carlos: Tengo que hacer algo antes de que me vuelva a encerrar. Ya está, ¡la silla!


Carlos se levantó, cogió la silla y se la tiró a la cabeza, por lo que el policía calló al suelo. Tras esto salió corriendo y justo cuando iba a subir las escaleras...


... vio a su padre despierto y sentado mirando al espejo-espía. No sabía qué hacer. Por una parte era su padre, pero por otra él había pasado de Carlos desde antes de nacer. Lo tenía en su mano ahora mismo; en él estaba salvar o dejar ahí a su padre.


Sin embargo, Carlos entró en la habitación, la cual estaba abierta sorprendentemente, si la llave echada. Una vez pasado el umbral de la puerta, Paco se puso en pie y se acercó a su hijo. El parecido de ambos era sorprendente.


C: Paco, rápido, salgamos de aquí. 
Paco: ¿Cómo que salgamos de aquí?
C: Que nos vayamos de este sitio. El responsable de todo esto está en mi habitación serrando troncos. Lo acabo de tumbar con la silla.
P: ¿Y qué te ha pasado que ha crecido el respeto por mi? ¿Desde que sabes que soy tu padre has cambiado o qué te pasa?
C: Mira, déjate de rollos, he venido a salvarte de esta situación porque me he querido. No me vengas ahora con filosofía.


P: A mi me da que tu o eres la voz o colaboras con él... ¿A qué has venido ahora? ¿Me vas a matar? ¿Me vas a encerrar de por vida?
C: Paco, papá, como coño quieras que te llame, ¡VAMONOS!
P: Esto es una estratagema. No creo que seas ahora tan bueno como para dejarme escapar ahí sin más.
C: El ladrón se cree que todos son de su condición.


P: Y si fuera verdad lo que tu dices, ¿despues qué pasaría?
C: No es momento de ponerse a pensar ahora. Ya he perdido mucho tiempo hablando contigo. Me voy y si no quieres venir quédate aquí.
Voz: Tú no vas a ir a ningún sitio.


La Voz, el policía, se hizo presente en la sala dándose a conocer por primera vez.
V: Carlos, no vas a ir a ningún sitio, ¿me oyes?
C: Obviamente, no soy sordo...
V: Tienes cojones Carlos, me gusta. Tal vez te de una muerte más rápida que a tu padre. 
P: ¿Qué tengo que ver en todo esto?
V: Tú eres el protagonista de esto. Tu hijo está aquí por meter las narices donde no le llaman. ¿No me reconoces?
P: ¿Te conozco?
V: Sí, hace mucho tiempo un policía te detuvo y te encerró en el reformatorio, ¿recuerdas?
P: Oh, eres tú.


V: Sí, soy yo. Ha pasado mucho tiempo, ¿verdad?
P: No el demasiado.
C: Hola, ¿alguien me explica que está pasando? 
V: Tú te callas sino quieres que te pegue un tiro en la sién. A ti Paco, nunca te perdonaré que te rieras de mí delante de mi superior al cumplir los 18. Por tu culpa me degradaron.
P: Mira qué lástima.
V: Por eso ahora, mi venganza será terrible contra ti. Ya es hora de que se haga justicia.


Paco miró al policía con cara de pocos amigos, pero no podía hacer nada. Estaba acorralado...


V: Y a tí, más te vale tener la boquita cerrada o tendré que matarte lentamente mientras veo como tu padre y tú os desangráis gritando de dolor.
C: No lo conseguirás. No te saldrás con la tuya, estoy seguro.


En ese momento y para sorpresa de Paco y Carlos, se escuchó un disparo que atravesó el espejo e impactó en la cabeza del policía. Este se derrumbó muerto al suelo.


Otro policía, entró en la habitación.
S: Hola, me llamo Salva y soy policía. ¿Estáis bien los dos?


P: El otro era también policía, ¿tú eres igual que él?
S: Soy policía igual que él lo era, pero yo estoy cuerdo, a diferencia de este.


C: Salva, encantado. El nombre no te puede venir mejor, jeje. ¿Cómo nos has encontrado?
S: Hacía tiempo que notaba extraño a Sanchez y hoy lo seguí y sorprendentemente descubrí todo esto.
C: ¿Y ahora qué va a pasar?
S: Tú irás a tu casa, pero Paco se va a venir conmigo a la cárcel.
P: ¿Yo? ¿Por qué?
S: Estás en busca y captura. Lo siento amigo, pero es lo que hay. 


Carlos volvió a su casa respirando hondo.
C: No hay nada como estar de nuevo en casa.


C: Mamá no ha tirado el periódico viejo... Bueno, se habrá despistado.


Carlos entró en la casa y gritó...
C: Mamá, ya estoy de vuelta. ¡Mamá! ¿No está?


Carlos miró en la cocina.
C: ¡Mamá! ¿Estás? ¡Mamá!


C: En su habitación tampoco... ¿Dónde estará? 



CONTINUARÁ...