viernes, 21 de junio de 2013

Capítulo 17: Adiós...

¡Buenas! Hoy hay motivos para estar felices: Primero porque la mayoría cogéis vacaciones; segundo porque hoy es viernes (¡Sí!) y tercero, porque hoy cuelgo el penúltimo capítulo de la historia.
Esta historia me gusta por la trama, pero es antigua, ya que la hice en el 2011 y por aquel entonces no tenía tanta idea de hacer historias, porque era de las primera que hacía y tampoco tenía las descargas de ahora.
En fin, que no me entretengo más y os dejo con el siguiente capítulo, recordad, ¡nos vemos el martes!

CAPÍTULO 17: ADIÓS...

Tommy bajó por la escalera trasera con el arma en la mano, como en aquella época cuando era jóven y pertenecía a la mafia...



Tommy, se dirigió hacia la puerta principal, con sigilo...



Entró por la puerta, lo apuntó y dijo:
Tommy: Baja la pistola o te coseré la cabeza a tiros.
Juanca: Ehm, WTF?
T: No te lo voy a volver a repetir ni una vez más, deja el arma si no quieres morir...



En ese momento recordó cuando Lucca fue y pilló in fraganti al policía Lee...



Juanca dejó el arma en el suelo y en ese mismo instante se le acercó Anatoli y le dio un guantazo que lo dejó KO en el suelo, como se suele decir: besando la porcelana.



Posteriormente a esto, llamaron a la policía y se presentó la más pronto que pudo en la casa de Tommy.



Anatoli: Tommy, de nuevo gracias. Tus agallas nos han salvado la vida de tu hijo, de mi hija y la mía. Siempre te agradeceré a Dios el encontrarme contigo en mi vida.
T: No llega a ser por mi y no duras ni un asalto jaja.
A: Oye, que yo te salvé de la emboscada, ¿te acuerdas?
T: No... creo que no... :lol2: 
Elena: Papá...



E: Papá, gracias por ponerte delante de nosotros dos. Pudo haberte matado... No entiendo cómo pudiste hacer eso y menos, la sangre fría de Tom de sacar la pistola y apuntarle. Juanca es muy peligroso. Tenéis tal unión Tom y tú que parece que estuvierais entrenados para esto.
A: Ehm... Bueno, vivimos la Segunda Guerra Mundial...
Roberto: Amor...



E: Oh, Roberto, qué miedo tuve de que Juanca te hiciera daño. Temí por tu vida.
R: Y yo también, no te lo voy a negar. No tengo esa sangre fría que tuvo mi padre... Le voy a tener que preguntar de donde sacó esa pistola... Nunca me comentó nada de ella.
E: ¿No crees que nuestros padres nos ocultan algo?
R: Ahora que lo mencionas, sí, y tengo que llegar al "meollo" del asunto. Un momento cariño... Papá...



T: Dime hijo.
R: Gracias, gracias por salvarnos la vida.
T: No hay por qué darlas.
R: Sí que te las tengo que dar. No comprendo como hiciste eso tan arriesgado.
T: La guerra te cura de espanto.
R: Papá, no me vengas con cuentos, la guerra no os dio para tanto a Anatoli y a ti, no me vengas con rollos. ¿En qué trabajábais que os ha dado tanta unión y familiaridad con las pistolas?
T: Ahora no es momento hijo, ya te lo contaré...



En ese momento entró en la casa Joe.
Joe: ¿Qué ha pasado aquí que está todo el mundo llorando?
R: Joe, lo que pasa es esto: Elena...



En ese momento entró en la casa Joe.
Joe: ¿Qué ha pasado aquí que está todo el mundo llorando?
R: Joe, lo que pasa es esto: Elena...



R: Con este anillo, te unirás a mi hasta que la muerte nos separe...
E: Te amo Roberto.
R: Y yo también mi vida.



Todos: ¡Vivan los novios! ¡Que se besen!



Tras cenar e irse todos a la cama, Anatoli y Tommy permanecieron en el salón hablando.
A: Pues al final seremos consuegros. Quién nos lo iba a decir, ¿verdad?
T: Sí, tienes razón. Estoy tan contento.
A: Yo también. ¿Sabes? Ya no estoy para tantos trotes como antes, he tenido verdadero miedo cuando apareciste por detrás del cabrón ese.
T: Si te soy sincero, yo también. Por primera vez me di cuenta de que no sigo siendo ese jovencito guapo perteneciente a la mafia más famosa de los años 50. Soy un abuelo torpe, con un bastón como acompañante y unos nietos de alegría.
A: Yo tuve miedo por lo que pudiera pasar, no a mi, sino a tu hijo y a la mía. Ellos no se hubieran merecido nada, nosotros sí y temí por su vida. 



T: Yo temí de que yo fallara, noté como la mano se me movía nerviosa por la situación. Ya no somos los de antes Anatoli, por mucho que nos duela...
A: Tienes razón, ahora me alegro de haber dejado la mafia, ahora somos dos viejos abuelos desvinculados de ese mundo. ¿Recuerdas lo que pasó cuando dejamos la mafia?
R: Cómo la iba a olvidar, si fue a los dos meses de nacer mi Roberto...



Corría el año 1975, y tenía a mi hija Cristina con 8 añitos y a mi hijo Roberto, recién nacido. Aquí estaba abrazando a mi hija.



Y aquí está mi hija, ¿no la conocéis? 



El pobre Rocco ya estaba muy anciano y casi no podía con su cuerpo, pero estaba encantado de jugar con mi Cristina.



Cristina: Papi, ¿y mamá?
T: Está arriba con tu hermanito.
C: Jo, está todo el día con él.
T: Pero es que es más pequeñito que tú y necesita más cuidados que tú. Cuando eras así de pequeñita estábamos igual contigo.
C: ¿Si?
T: Claro, incluso más. Tengas los hermanos que tengas, tú serás la princesita de la casa.
C: :smile: 



Como le dije a mi hija, Melinda estaba con nuestro hijo en el cuarto de bebés, que acababa de darle el peño y le estaba intentando sacar el flato.



Y aquí está Roberto con dos mesecitos. ¿Lo notáis cambiado?



Y por supuesto, no solo habían pasado los años para la gente, para nosotros también. Sin embargo, a Melinda la seguía viendo igual o más guapa que antes.



Y a mi se me empezó a caer el pelo... Maldito momento <_< 



Cristina, como no tenía hermanos de su edad, pasaba el resto de la tarde cuando terminaba de hacer los deberes, con nuestro querido Rocco.



Al terminar Melinda con Roberto, subí para acostarlo para la siesta, lo abracé entre mis brazos y lo acosté.



Y seguramente os preguntaréis por Lucca y Anatoli. Pues veréis, Anatoli vivía fuera de la ciudad, se había mudado porque allí tenía la casa de sus sueños y la compró. Logró que una mujer lo soportara y tenía un hijo de dos añitos, Joe, que ya lo conocéis. Lucca, sin embargo, estaba muy anciano, pero conservaba todavía fuerzas para mucho más, pero no le pidieras que corriera la maratón... 
Total, que de vez en cuando nos llamaba para ciertas misiones ya no tan importantes, porque ni Anatoli ni yo estábamos para muchos trotes. Una noche, me llamó ya tarde...
Lucca: ¿Tommy? ¿Eres tú?
T: Sí, soy yo. Dime Lucca.
L: Mira, acabo de hablar con Anatoli para decirle que nos vemos en el bar en 2 horas, ¿vale? ¿Tienes alguna otra cosa que hacer? 
T: No, estaba viendo la tele con Melida y mi hija.
L: Ok, dale recuerdos de mi parte. Nos vemos ahora.



Anatoli llegó en su coche nuevo, nos saludamos y cuando vimos a Lucca lo acompañamos a bajar por la escalera. Una vez allí nos sentamos en frente de él y nos empezó a comentar...
T: Tío, Anatoli, ¿qué querrá Lucca ahora?
A: No tengo ni idea, pero si no escuchas no te enterarás.



L: Chicos disculpad por haceros venir tan tarde, pero esta misión es muy importante. Veréis, estoy ya muy mayor y siento la necesidad de despedirme de mis seres queridos y hay una persona que me gustaría ver antes de morir: Mi hija Romina.



T: Perdona que le interrumpa, ¿su hija?



Una vez que terminó de decirnos dónde vivía, fuimos hacia allá y cual fue nuestra sorpresa que de camino...



T: Anatoli, ¿esa es Romina?
A: No creo, ella vive en casa una casa enorme.
T: Pero es que encaja con la descripción que nos ha dado Lucca.
A: Vamos a acercarnos y si no es pues le decimos que no estamos interesados en comprar el producto jeje.
T: No bromees ahora.



T: Esto me da mala espina...



A: (Sí es... mierda) Hola preciosa, ¿quieres meneo?
Romina: Por supuesto, estás buenísimo. ¿Y él?
A: Ah, el viene también.
R: Pues si quieres que haga un trío cobro el doble.
A: Lo que sea.
R: Síganme.



R: Aquí estamos. ¿Donde queréis? ¿En la cama, en la piscina, en la cocina...?
T: Perdona Romina pero no vamos a hacer nada contigo.
R: Oye, ¿como sabes mi nombre?
T: Simple, nos envía tu padre, quiere verte. Está muy anciano y nos ha pedido que fuéramos a buscarte para que lo vayas a ver.
R: ¿Mi padre? ¿Anciano? Dios, hace por lo menos más de 20 años que no lo veo.
A: Yo creo que ya es hora, ¿no?



R: ¿Está bien? Quiero decir, ¿va a morirse?
T: Es un hombre fuerte, pero no va a vivir para siempre. Nos ha dicho que ahora que se ve más débil quiere despedirse de sus seres más queridos.



R: ¿Donde está?
T: Ven con nosotros y lo verás. ¡Ah! Eso sí, no le comentes nada de lo que estabas haciendo o lo matarás del susto.
A: O la matará a ella, nunca se sabe. Conociendo a Lucca...
T: Bien Anatoli, tú ayuda.
A: Perdón...



Al llegar a mi casa, acompañamos a Romina hasta donde estaba su padre y les dejamos solos. 



L: ¿Romina? ¿Eres tú?
R: Sí papá, la misma. 
L: Qué grande estás. Has crecido mucho. ¿Y esta ropa?
R: Es lo que se lleva ahora.
L: Valiente ropa que lleváis la juventud de hoy. ¿Donde están los leotardos que te regalé?
R: Papá, me quedaban pequeños, además, me los regalaste con 10 años.
L: ¿Segura? Ha pasado tanto tiempo...



L: ¿Y qué es de tu vida? ¿Te has casado?
R: Bueno... algo así. 
L: ¿Novio?
R: No, es otra cosa distinta. No quiero novio todavía.
L: Ah, ¿y trabajas?
R: Verás, ayudo a unos amigos en una empresa de importación y exportación de leche.
L: ¿Leche? ¿Cómo se llama la empresa? A ver si te puedo ayudar en algo.
R: No la conoces, acaba de empezar.



En ese momento aparecieron unos tipos por la puerta. Desgraciadamente, nos olvidamos la puerta del garaje abierta y entraron estos hombres armados.
R: ¡Sergio!
L: ¡Gerardo!
Sergio: Romina, follas bien, pero ya no nos sirves para nada...
Gerardo: Lucca, encantado de volver a verte. Cuánto tiempo.
L: ¿Qué haces tú aquí?, no hay ninguna reunión de familia. (En la mafia, la familia era la agrupación de mafias que trabajaban en una misma ciudad).
G: Ya, pero, querido amigo, ha llegado tu hora y la de tu hija también.
L: ¡NOOOOOOOOOO!



Sergio disparó sin piedad hacia Romina...



... y hacia Lucca, el jefe de la mafia más famosa de la ciudad. Gerardo ahora era el único jefe de la mafia presente en la ciudad.



Al escuchar los disparos, Anatoli y yo bajamos rápidamente y vimos los cuerpos de Romina y Lucca tendidos en medio de un charco de sangre...
G: Sergio, hay testigos, ¡a por ellos!



Tras descubrirnos, salimos corriendo de la casa, suerte que Melinda y los niños estaban en casa de una hermana de esta. 



Nos escondimos en un bosque cercano a la casa, ocultándonos de los dos mafiosos...



Este es Sergio López, un proyecto de mafioso que trabajaba para...



... Gerardo Casado, alumno de Lucca y jefe de la otra parte de la familia en la ciudad. La corrupción y el poder pudieron con él y acabó planeando la muerte de Lucca y su hija, a la cual la tenía insertada en una red de prostitución que manejaba Sergio.



T: Anatoli, ¿qué hacemos?
A: No sé, no se me ocurre ningún plan.
T: ¿Cómo han podido matar a Lucca y a Romina?
A: Ajustes de cuentas, yo que se. Mientras se me ocurre un plan vamos a ir a enterrarlos como Dios manda. Pero esta vez no en un agujero perdido en el monte, en el cementerio. Que sepamos donde está para poder irlos a visitar.
T: Vale, vamos para allá.



A la mañana siguiente, una vez preparadas las lápidas, enterramos a Lucca y a su hija. Amargas lágrimas recorrieron nuestras mejillas hasta llegar a nuestras barbillas y precipitarse al vacío.



De repente, una presencia nos sobresaltó y nos sacó de nuestros más profundos pensamientos; eran Sergio y Gerardo, ¡nos habían encontrado!



No sabíamos donde escondernos y nos metimos en un mausoleo y bajamos las escaleras buscando un escondite.



Una vez allí vimos que no había salida, solo había tumbas y más tumbas...



Desesperado, Anatoli empezó a golpear la pared con la sorpresa de que una puerta oculta se abrió para nosotros.



A: Ey Tommy, ayúdame. Mira lo que me he encontrado.
T: ¿Una puerta oculta?
A: Sí, no te quedas parado que estamos en peligro.



Sergio y Gerardo nos perseguían y el tiempo corría en nuestra contra...



Una vez abierta, la sorpresa que nos llevamos fue mayúscula...



A: Tommy, ¿qué es eso?
T: Anatoli, no te lo vas a creer. Son granadas.
A: ¿Granadas? :blink: 
T: Y por la pinta que tienen pertenecen a la Segunda Guerra Mundial y están las cajas intactas.
A: Increíble...
T: Ten, toma unas cuantas. Puede ser que las necesitemos...



Pero en ese momento, los dos mafiosos entraron en la habitación secreta, quedándonos sin salida y con más de 10 cajas con granadas intactas...





¿Qué pasó? Lo sabréis en el último capítulo.


CONTINUARÁ...